ENTRAR EN LA IMAGEN Me gusta pensar en los museos como templos de cultura. Lugares donde conservamos y cuidamos lo que otras personas han creado, descubierto o vivido. Al recorrerlos, también nos encontramos con las emociones que esas huellas despiertan: curiosidad, asombro, inquietud, un recuerdo inesperado.
Actualmente trabajo en un proyecto museístico inmersivo. Ese proceso me lleva a preguntarme cómo podemos dar espacio a esas emociones. Qué sucede cuando la imagen deja de ocupar una pared y empieza a rodearnos, cuando el sonido y la luz acompañan nuestros pasos y nuestro cuerpo forma parte del recorrido.
Una sala inmersiva puede recrear un lugar o acercarnos a una experiencia lejana. Pero me interesa especialmente su capacidad para abrir un encuentro con lo que vemos. Podemos construir las condiciones de ese encuentro; lo que cada persona siente pertenece a su propia historia.
Quizá cuidar la cultura también consista en buscar nuevas maneras de acercarnos a ella. Mantener vivas sus preguntas y ofrecer un espacio donde detenernos, mirar y sentir.
En esta web comparto una pequeña exploración con un cubo y una esfera. Es una invitación a cambiar de punto de vista y observar cómo una misma imagen se transforma cuando cambia nuestra relación con ella.
Entrar en la imagen¿Qué ocurre con nuestra mirada cuando la imagen empieza a rodearnos?